Historia

1898 Barrio de la Barceloneta. El laboratorio 4ª Cápsula

Seguimos con nuestros relatos de celebración del 180 aniversario de Uriach. En el anterior post os explicabámos el gran incendio y la empresa familiar.

El barco que les traía las materias primas ya estaba descargando, el ruido de su motor a vapor era ensordecedor. Francisco revisaba una a una las cajas del muelle, contaba “500 quintales de azufre, 24 sacos de corteza, 20 bultos de zinc, 30 barriles de drogas….”, parecía que estaba todo.

Cruzó el paseo, tardó poco en llegar, el laboratorio estaba en la calle Baluarte en la Barceloneta. Con paso firme subió las escaleras y se preparó, por fin tenía los productos necesarios para empezar la fabricación de cloroformo. Hacía unos días que habían conseguido la patente de introducción del proceso de elaboración de este producto y tenía ganas de ponerlo en práctica.

Este era el primer laboratorio químico industrial de la familia. J. Uriach y Cía ya no se dedicaba únicamente a la importación y distribución de productos, ahora también podía fabricarlos y venderlos en su droguería de la calle Montcada. Francisco Uriach se había convertido en el director técnico farmacéutico de la empresa y era responsable de avalar y garantizar las especialidades que se producían de las casas Allcock, Chassaing y Bishop, entre otras.

Se acercó al puesto de recepción de mercancías, el nuevo material llegado aquella mañana no cabía, el tablero de preparación de pedidos estaba lleno y el desorden era generalizado. Tenía dolor de cabeza, el denso ambiente del laboratorio lo impregnaba todo.

Salió a tomar el aire y al girar la esquina se topó con un vecino que al verlo frunció el ceño y le increpó. Los vecinos más próximos al laboratorio empezaban a estar enfadados, las quejas se hacían oír, los fuertes olores y el ruido eran temas de conversación en la comunidad. Incluso algunos rumoreaban que “todo podía arder y saltar por los aires”, la historia no se podía volver a repetir.

Debía hablar con sus hermanos. El inmueble estaba bien situado, su proximidad al puerto lo hacían un emplazamiento ideal para la importación y exportación de mercancías, pero los problemas de espacio y seguridad se multiplicaban.

El nuevo laboratorio se estableció en unos terrenos a las afueras de la ciudad, en la que más tarde sería denominada calle Degá Bahí, lejos de núcleos urbanos que pudieran entorpecer su crecimiento. También se construyó un complejo de naves para la fabricación a nivel industrial de medicamentos y productos químicos, mientras que la pequeña droguería de la calle Montcada se trasladó al Eixample.

 

Jordi Sequero y Judith Entrena. Fundació 1838

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