Historia

1936.El estallido de la Guerra Civil. Tercera generación. Juan Uriach Tey . 6ª Cápsula

Llegamos ya casi al final de los relatos de la historia de Uriach, con motivo de la celebración del 180 aniversario. En la siguiente cápsula la guerra ha estallado y no es fácil seguir con el negocio.

Con ésta ya suman 26, esto empieza a ser insostenible, pensó Juan Uriach Tey mientras revisaba las bajas. Hacía tan solo unos meses que había estallado la guerra y uno a uno sus empleados eran llamados a filas.

El conflicto había llegado a las calles, el comercio internacional era inexistente, las materias primas no llegaban, las comunicaciones con el extranjero eran imposibles y la situación económica empeoraba. El negocio estaba roto.

La situación era desesperada y parecía que todo iba a derrumbarse. Juan no quería ser el responsable de cerrar una empresa que ya contaba con casi 100 años. Se sentó en su sillón para leer el diario, esperaba encontrar buenas noticias.

28 de octubre de 1936. La Vanguardia: “La criminal sublevación militar del 19 de julio ha producido un trastorno extraordinario en la economía del país. El consejo de la Generalidad tiene que atender a la reconstrucción de los estragos que ha causado a la industria y al comercio de Cataluña la traición de los que intentaron imponer en nuestro país un régimen de fuerza”.

“Es necesario ahora, pues, organizar la producción, orientarla en el sentido de que el único beneficiario sea la colectividad, el trabajador, al cual corresponderá la función directiva del nuevo orden social. El principio de la organización económico social de la gran industria tiene que ser la producción colectivizada”.

Tres días más tarde J. Uriach y Cía fue colectivizada, la propiedad pasó a manos de los trabajadores que tomaron las riendas del negocio bajo el lema “La Revolución y la Guerra son inseparables”.

Juan estaba asustado, muchos propietarios habían sido fusilados, estaba a la espera de la resolución del Comité Obrero de Control. La decisión no llegaba, se escuchaba la discusión desde el otro lado del pasillo. Uno de los empleados más antiguos entró en la oficina, lo miró y después de unos momentos sonrió. Gracias a la buena relación de la familia Uriach con sus empleados no hubo represalias y Juan fue nombrado gerente. Sin duda era el más capacitado para dirigir la empresa. Su función principal sería asesorar y colaborar con un Consejo de empresa designado por los trabajadores.

Fueron años difíciles para todos. El país estaba dividido, la ciudad bombardeada y Uriach había quedado desecho: las ventas cayeron un 92% y la producción se desplomó un 71%.

Con el fin de la guerra la propiedad fue devuelta a la familia. Tenían que partir de cero otra vez.

 

Jordi Sequero y Judith Entrena. Fundació 1838

 

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