Unidad

Celebrando el 180 Aniversario

Estamos de cumpleaños en éste 2018 y nos sentimos profundamente orgullosos de haber cumplido 180 años de historia y de seguir escribiendo historias. No queremos dejar pasar esta  oportunidad para celebrarlo con todos vosotros, con una serie de capsulas sobre nuestros 180 años de vida.

Hoy os presentamos la primera capsula que esperamos os guste.

  1. Paseo del Born. Barcelona

El sonido de las campanillas de la puerta al entrar en la droguería y el fuerte olor, le hicieron tomar conciencia, estaba a punto de emprender un nuevo camino. Se acercó al mostrador y alzó la vista, las estanterías estaban llenas de tintes, pinturas, plantas, medicamentos, mermeladas, legumbres y un sinfín de productos diferentes.

Había quedado con el señor Rafael Vilaclara, propietario del establecimiento, para hablar del puesto de aprendiz. El camino desde su casa en Sant Andreu del Palomar había sido largo, la ciudad parecía muy grande para alguien tan joven. Sin duda se trataba de una gran oportunidad para Juan Uriach Feliu.

Rafael Vilaclara lo miró de arriba a abajo, le hizo algunas preguntas, se giró y mientras entraba en la trastienda murmuró “¡Empiezas mañana, no llegues tarde!”.

El trabajo era duro y la jornada muy larga. Las estrechas calles del barrio del Born no permitían el transporte de mercancías en carros de caballos y el chico tenía que cargar en su carretilla los sacos de pólvora de cuerno de ciervo, ruibarbo y “estiércol del diablo”. Agotado al caer la noche, todavía tras el mostrador, sus ojos se cerraban, mientras tras los cristales del escaparate el aceite de las farolas iluminaba el despertar de la vida nocturna de la ciudad.

Disponía de poco tiempo libre, la mayor parte del día la pasaba en la droguería machacando productos con el mortero, llenando frascos, preparando pedidos, atendiendo clientes y repartiendo mercancía. Tenía una pequeña libreta donde anotaba todos sus gastos que realmente no eran muchos, su compensación por el trabajo realizado se basaba en alojamiento, manutención y una pequeña paga que gastaba siempre bajo la supervisión del señor Vilaclara.

Con el paso de los años, Juan adquirió cada vez más responsabilidades y dejó de ser un aprendiz para convertirse en encargado y hombre de confianza del propietario. Empezar desde abajo como “chico para todo” le había servido para conocer de primera mano todos los quehaceres del negocio.

 

Jordi Sequero y Judith Entrena. Fundació 1838

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