Historia

1889 El Gran Incendio y la Empresa Familiar 3ª Cápsula

Seguimos con los post de nuestra historia y en esta tercera cápsula os relatamos el gran incendio y el resurgir de sus cenizas. Os invitamos a conocer más a través de estos relatos.

  1. Palacio Dalmases. El gran incendio

11 de octubre de 1889. La Vanguardia: “Oyóse una explosión sorda como lejano cañonazo, seguida de un estrépito de cristales que se rompían y volaban en pedazos. Brotó vivísima llama del almacén, sonaron gritos de horrible angustia y escaparon perseguidos por las llamas los empleados. Entre ellos, y precediéndoles de algunos pasos, salieron dos jóvenes con las ropas completamente inflamadas. Nuevas explosiones se dejaron oír, los desgraciados que ardían cayeron envueltos en llamas”

“Alarmados los vecinos y sin saber porque corría la gente, cerraron las puertas; los carabineros salían apresurados del cuartel, cuya puerta lamían las llamas; sus mujeres y chiquillos, lanzando gritos de angustia escapaban aterrorizados llevándose cuantos objetos podían; parábase la gente atónita ante tamaño desastre

Eran las cuatro de la tarde, unos fuertes golpes le alertaron, al abrir la puerta tuvo un mal presentimiento. Delante suyo con manos temblorosas se encontraba uno de sus empleados.

  • ¡Don Juan, todo está ardiendo!!!

Aquel día murieron dos dependientes, el interior del almacén quedó completamente destruido y las pérdidas fueron exorbitantes. Los dos socios y sus empleados quedaron profundamente marcados por este suceso pero no había otra opción, debían levantarse y seguir trabajando. El establecimiento fue reconstruido y su actividad pronto volvió a ser la de antes

Dos años más tarde, el negocio no solo había resurgido de sus cenizas, sino que entraba en un momento crucial para la empresa. Era el momento de tomar decisiones.

  1. J.Uriach y Cía. Segunda generación. Joaquín Uriach Uriach

Después del segundo plato Juan se levantó, estas cenas familiares siempre se alargaban hasta bien entrada la noche. Llevaban horas discutiendo sobre el rumbo a seguir tras la muerte de Alomar y necesitaba un momento de tranquilidad. Al final todos estaban de acuerdo, si los herederos del farmacéutico no querían continuar con el negocio, ellos seguirían adelante.

Eran las nueve de la mañana, el despacho de la notaria estaba un tanto frío, firmó el documento y se lo pasó a su hijo Joaquín. Los ojos le brillaban, recordaba su llegada a Barcelona y todo el esfuerzo realizado desde entonces. Ese 18 de marzo de 1891 quedaría grabado en su memoria para siempre. Ahora con la constitución de J.Uriach y Cía. la empresa familiar ya era una realidad.

Desde muy joven Joaquín, el mayor de los hermanos varones, había estado trabajando con su padre. Él era el heredero, debía seguir sus pasos, comenzar como aprendiz y asimilar las peculiaridades del arte del comercio. El segundo de los hermanos, Francisco, debía estudiar farmacia para poder dirigir el futuro laboratorio. Y finalmente, Trinidad, el tercero, también sería farmacéutico y se encargaría de la gestión comercial exterior.

El negocio debía dar un paso al frente y adaptarse al nuevo contexto. Los medicamentos importados hasta el momento empezaban a producirse en el país y solo los pioneros se abrirían camino en el mercado.

Jordi Sequero y Judith Entrena. Fundació 1838

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